Los volcanes y el clima

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  • (1) Imagen captada el 18 de mayo de 1980, momento de la erupción del monte St. Helens, en EE.UU. (Fuente: USGS/Cascades Volcano Observatory)

    (2) Erupción del volcán Eyjafjallajökull, con menor impacto en el clima que en el transporte aéreo. (Fuente: NASA)

    (3) Columna volcánica producida por la erupción del volcán Pinatubo. Foto tomada desde la base aéra de Clark (Fuente: USGS/Cascades Volcano Observatory)

    (4) Dispersión de las partículas expulsadas a la atmósfera por el monte Pinatubo y su evolución con el tiempo (Fuente: NASA Visible Earth)

    (5) Capa de aerosoles sobre nubes de tormenta, captadas por los astronautas del Atlantis, tres semanas después de la explosión del monte Pinatubo.

  • Los volcanes y el clima
    25.02.2014 14:18

    Los volcanes, además de causar fascinación y miedo a partes iguales, son unos de los mecanismos que mayor influencia pueden tener en la atmósfera, ya que a ella pueden verter cantidades ingentes de aerosoles, lo que influiría de manera notable en la cantidad de radiación solar incidente que como sabemos es el motor de todos los procesos meteorológicos.

    Porque hay erupciones y erupciones

    Porque a nadie se le escapa que no es lo mismo una erupción tipo hawaiana (lavas fluidas, sin apenas explosiones, que construyen un cono volcánico de pendientes suaves) que una del tipo estromboliana, vulcaniana o peleana (en la que cantidad y fuerza de las explosiones va en aumento, además de tener un poder destructor suficiente como para destruir parte del edificio volcánico).

    Una explosión suficientemente poderosa (como la del monte St. Helens el 18 de mayo de 1980 – que hizo que su cima desapareciera, pasando la altura de la montaña a medir unos 500 metros menos) podría tener fuerza suficiente como para dispersar los gases y las cenizas a una gran distancia, haciendo que sus efectos en la atmósfera estuvieran mucho más presentes. Sin embargo estarían a merced de las condiciones meteorológicas reinantes en esos momentos en el área circundante, por lo que la dispersión no siempre sería tan efectiva.

    Pero existe una zona geográfica en la que las condiciones meteorológicas suelen ser más propicias. Y es que en las proximidades del ecuador, el cinturón de bajas presiones (que forma la zona de convergencia intertropical o ITCZ) favorece el ascenso de estas nubes piroclásticas, procedentes de fuertes explosiones volcánicas.

    Además, su situación geográfica en medio de ambos hemisferios posibilita que su extensión latitudinal sea mucho más efectiva. Erupciones volcánicas como las del volcán islandés Eyjafjallajökull o la citada del monte St. Helens afectaron a una extensión mayor de terreno.

    Efectos posteriores a la explosión

    Si se cumplen todos los condicionantes mencionados (una localización geográfica adecuada, explosión suficientemente fuerte…) tenemos el caldo de cultivo perfecto para conseguir que una erupción volcánica que se produce en Indonesia o Filipinas acabe sintiéndose en prácticamente todo el globo. Esto fue lo que ocurrió tanto en 1815 como en 1883 y más recientemente en 1991 con las erupciones volcánicas de los volcanes Tambora, Krakatoa y Pinatubo.

    La erupción del volcán Tambora, en Indonesia, considerada hasta hoy como la mayor erupción de la historia reciente, expulsó materiales volcánicos hasta una altura de 44 km y causó un descenso de las temperaturas a escala global de hasta 3º debido a esta nube volcánica. Incluso un año después de la explosión sus efectos aún se podían notar. En Europa y Norteamérica, el verano de 1816 fue considerado como el año sin verano, por las temperaturas tan inusualmente frías que se registraron.

    Más reciente, y también con un impacto menor, es la explosión del monte Pinatubo, en Filipinas, que se estima que hizo descender las temperaturas en algunos lugares hasta 0.5ºC debido a la ingente cantidad de dióxido de azufre que expulsó a la atmósfera y que combinado con el agua formó gotas de dióxido de azufre que bloqueaban la llegada de la radiación solar a la tierra. Tuvo también una consecuencia más visual ya que se observaron durante los meses siguiente brillantes atardeceres.

    Por: Luis Jiménez