-
Cuando la niebla mata01.03.2011 10:25
Hace no mucho tiempo vivimos una situación meteorológica marcada por las altas presiones que se prolongó por espacio de casi dos semanas. En las grandes ciudades en particular, además de la estabilidad que proporcionan los anticiclones, esta situación estuvo marcada por un aumento significativo de la contaminación, habida cuenta de la imposibilidad que los contaminantes tenían de “escapar” hacia capas superiores o de disolverse (en estas situaciones, las altas presiones van acompañadas de una merma notable en la intensidad del viento)
Numerosas han sido las opiniones, abarcando desde el punto de vista científico hasta el punto de vista político, de la situación originada. Si bien la situación originada por las altas presiones (y el fenómeno de subsidencia - descenso de las masas de aire – asociado) pudo ser considerada en ciudades como Madrid o Barcelona grave, dista mucho de la ocurrida hace casi 60 años en Londres, y que se produjo en unas condiciones atmosféricas parecidas a las que hemos vivido recientemente.
Primero el buen tiempo, luego la niebla y despés el smog
Corría el mes de diciembre de 1952 cuando sobre el territorio de las Islas Británicas se estableció un sistema de altas presiones, propicio para la formación de nieblas sobre la capital británica. Además de las altas presiones, y cómo es típico en estas situaciones meteorológicas, el viento era prácticamente nulo, lo que contribuiría de manera determinante a la formación de esta niebla. Durante este tipo de situaciones atmosféricas, pese a que durante el día la temperatura pueda ser considerada como agradable, durante la noche la ausencia total de nubosidad favorece la pérdida del calor y por tanto el frío se acrecienta. Ante esto los ciudadanos de Londres aumentaron el consumo de carbón para protegerse del frío, pero habida cuenta de la precariedad y la escasez de recursos, el carbón usado para calefacción era de mala calidad y rico en azufre. A todo esto tenemos que sumarle las numerosas industrias próximas a la ciudad y el floreciente uso del automóvil en la vida cotidiana.
Con todos estos ingredientes se formó, durante unos cuatro días, una niebla que redujo notablemente la visibilidad en la ciudad. Fue conocida como Great Smog (Smog: acrónimo inglés que proviene de unir las palabras smoke – humo – y fog – niebla) y todavía a día de hoy hay discrepancia sobre el número de víctimas que causó. Las primeras estimaciones apuntaban a que alrededor de 4000 personas murieron como consecuencia directa de la niebla y más de 100000 cayeron enfermas a causa de los problemas respiratorios, aunque estudios recientes elevan la cifra de fallecidos hasta los 12000.
Este evento, considerado como el peor episodio de contaminación en la historia del Reino Unido, motivó la adopción de una serie de medidas legales para evitar que se repitiera esta situación, que finalmente culminaron en la Clean Air Act de 1956 que, entre otras cosas, prohibía la emisión de humo negro y obligaba a los residentes y factorías del área londinense a usar combustibles con una menor producción de humo. Pese a que las nieblas siguieron siendo protagonistas del tiempo de Londres, ninguna ha sido tan dañina como la de diciembre de 1952.
Por: Luis Jiménez
-
TAGS:
