Las corrientes marinas: su importancia en el tiempo y en el clima

Publicidad
  • Esquema simplificado de la distribución global de las corrientes, según el último informe del IPCC.

    Comparación entre el clima de Lisboa (izquierda) y Nueva York (derecha) Nótese, sobre todo, la diferencia en las temperaturas mínimas (fuente: www.klimadiagramme.de)

    Corrientes en la costa este de Japón, justo donde se encuentran la corriente de Kuroshio y Oyashio (imagen obtenida mediante el análisis con OSCAR - http://www.oscar.noaa.gov/)

  • Las corrientes marinas: su importancia en el tiempo y en el clima
    01.04.2011 12:42

    Las corrientes oceánicas son, para el tiempo y el clima, tan importantes como los vientos que soplan en la superficie. Son las encargadas de distribuir la energía del océano y se organizan según su temperatura y salinidad, que condiciona su densidad. Una muestra de la enorme (no apreciable a simple vista) influencia que ejercen las corrientes marinas sobre los climas locales la tenemos en Europa.  Aunque mejor que mirar a Europa, tenemos que mirar al océano que baña Europa.

    El Atlántico y más concretamente el Atlántico norte, es una zona de vital importancia para entender este fenómeno. Es cerca de Islandia donde la enorme cinta transportadoraThe Conveyor Belt – libera el calor que, en forma de corriente superficial, trae desde latitudes más cálidas. Al liberar el calor y gracias a los vientos del oeste, el clima de Europa se convierte en uno mucho más cálido en comparación con otros puntos situados en latitudes similares. Comparemos, por ejemplo, el clima en Lisboa y Nueva York, o el que tenemos en Londres o Halifax (Nueva Escocia, Canadá) Una cosa es clara, los inviernos son mucho más severos en la costa este de Canadá y EE.UU. de lo que lo son en el oeste de Europa. ¿Quién tiene la culpa? La responsable es la corriente del Golfo.

    La corriente del Golfo recibe su nombre del lugar en el que se origina, el Golfo de México. Desde allí trae aguas cálidas (o al menos relativamente más cálidas) hasta la costa occidental de Europa. Una vez aquí y tras liberar el calor, se hunde. Se hunde porque pierde calor, lo que la vuelve más fría (más densa) y porque pierde humedad, lo que la vuelve más salada (más densa) Tras este hundimiento inicia de nuevo el viaje hasta la Antártida, donde volverá a emerger.

     

    Kuroshio, la corriente que baña las costas de Fukushima

     

    Si tuviéramos que elegir una corriente equivalente a la del Golfo en el Pacífico, esta sería la del Kuroshio (salvando las distancias, ya que ni la distribución geográfica alrededor de los océanos ni el recorrido de las corriente es comparable) Esta corriente asciende desde el sur del Pacífico, donde las aguas son mucho más cálidas, junto a las costas del sudeste asiático y al llegar a Japón se separa tanto en una corriente que lo recorre por el oeste (la corriente Tsushima) como por el este.

    Pues tanto esta corriente como la del Oyashio (que viaja desde el norte para encontrarse con la de Kuroshio sobre los 40ºN) se encuentran ahora de actualidad debido a la fuga de material radiactivo de la central nuclear de Fukushima. Si bien los niveles de radiación encontrados en el agua próxima a la central son muy elevados, la ingente cantidad de agua que se mueve en estas corrientes, junto con la velocidad con la que lo hace (ver imagen número 4) y la vida media de los componentes (por ejemplo la del yodo es de unos 7 días) hace que, de momento, la situación desde el punto de vista del océano Pacífico no sea preocupante.

    Ahora vemos el notable impacto que tienen las corrientes en la vida diaria, pero más que influir en el tiempo, son mucho más efectivas en el clima, tanto local como global. Se estima que la última glaciación tuvo como origen la interrupción de la cinta transportadora, provocando que la corriente del golfo de quedara a medio camino, debido (aunque esto todavía genera muchas discusiones) a una brusca liberación de agua dulce, conocida como Younger Dryas, aunque esto será tema de artículos posteriores.

    Por: Luis Jiménez Dávila