La meteorología y el desembarco de Normandía

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  • (1) Mapa original que usaban en el Cuartel General de los aliados mostrando los detalles de la Operación Overlord. (Fuente: PA/PA Archive/Press Association Images)

    (2) Marines saliendo de de Sword Beach en su avance hacia el interior de Francia. (Fuente: PA/PA Archive/Press Association Images)

    (3) Marines saliendo de de Sword Beach en su avance hacia el interior de Francia. (Fuente: PA/PA Archive/Press Association Images)

  • La meteorología y el desembarco de Normandía
    05.06.2014 13:17

    De todas las actividades humanas, la guerra es una de las más intensas. Y el hecho de llevarla a cabo al aire libre provoca que el tiempo tenga una influencia notable en su desarrollo. A nadie se le escapa que en muchas de las batallas el vencedor a menudo ha tenido el viento, y el tiempo, a su favor.

    En parte debido a su experiencia en las invasiones del norte de África y Sicilia, el General Eisenhower se hacía acompañar siempre de un grupo de meteorólogos. La aportación de estos iba a ser fundamental a la hora de planificar la operación Overlord (nombre en clave que se dio al desembarco de Normandía), donde el tiempo podría afectar de manera muy diversa tanto al desembarco anfibio como a las operaciones aéreas.

    Ya se sabía por aquel entonces que las estadísticas climáticas no eran fiables como indicadoras del tiempo en el Canal de la Mancha, aunque sí que se observaba que junio era el mejor de los tres meses considerados (entre mayo, junio y julio). Además, para evitar las minas que el ejército alemán había instalado en las playas, se requería una luna nueva o llena que permitiera que la marea baja fuera lo suficientemente baja como para detectarlas. Por su parte la aviación prefería condiciones de cielo despejados para facilitar la navegación e incrementar la precisión del armamento.

    Los preparativos del día D

    Ya desde la planificación inicial, los oficiales tenían que tomar un gran número de decisiones en base al tiempo, como cuándo enviar los barcos a sus posiciones iniciales desde las bases. El General Eisenhower necesitaba además tomar la decisión sobre cuando fijar el día D con, al menos, 4 días de antelación y este debía de ser el primero de dos o tres con un tiempo suficientemente bueno para que no comprometiera la operación. Es más, el 23 de mayo el Comandante Supremo anunció que, de manera provisional, la fecha en la que se lanzaría la operación quedaba fijada para el 5 de junio.

    Durante los preparativos para la invasión un pequeño pero altamente equipado equipo de meteorólogos se estableció en el Cuartel General de las Fuerzas Aliadas, cerca de Portsmouth, para informar de primera mano al Comandante Supremo y a todo su equipo sobre las novedades que, desde el punto de vista meteorológico, se iban produciendo. Durante el comienzo de aquel mes de mayo de 1944, los informes eran semanales, para ir aumentando la frecuencia hasta llegar a ser diarios o incluso dos veces al día a medida que momento fijado para la operación se aproximaba.

    Divide y vencerás

    La meteorología durante los años 40 estaba basada en gran medida en la ciencia, pero también dependía mucho de la memoria del meteorólogo, su experiencia e imaginación. La formación, y más en tiempos de guerra, se basaba en que los más expertos guiaran a los más novatos. Además, la comparación entre distintas opiniones daba un valor añadido al pronóstico, ya que a menudo un mismo fenómeno era visto de manera distinta por varios meteorólogos (era, sin ir más lejos, una versión vintage de lo que ahora se conoce como pronóstico EPS)

    De la opinión e intercambio de ideas entre las distintas estaciones meteorológicas repartidas por el Reino Unido, entre las que se comunicaban mediante teléfonos cifrados las incidencias meteorológicas, nació la idea de conectar el Cuartel General con una serie de centros donde cada uno de los cuerpos implicados en la operación hacía sus predicciones. Así, se pusieron en contacto permanente los meteorólogos de la Royal Navy (con sede en el Almirantazgo en Londres), la Oficina Central de Pronósticos (con sede, por aquel entonces, en Dunstable) y el Cuartel General del Ejército de Estados Unidos (a las afueras de Teddington). La conclusión: tres equipos predicen mejor que uno.

    Operación inminente

    El sábado 3 de junio, con un tiempo relativamente bueno en el cuartel general, los pronósticos que recibieron en él indicaban que el tiempo en el Canal de la Mancha para la fecha prevista inicialmente, 5 de junio, eran lo suficientemente malos como para dificultar tanto las operaciones aéreas como las marítimas. Ante esta situación, el general Eisenhower comentó que “debido a que la conveniencia de empezar la operación durante la próxima marea favorable es tan grande y la incertidumbre sobre el tiempo es tal que nunca podremos anticipar el tiempo de manera perfecta, tenemos que comenzar la operación pese a que exista un verdadero empeoramiento en el tiempo”.  Pese a esto, esa misma tarde decidió posponer la operación hasta la fecha que ha quedado en la historia.

    Hacia el final del domingo 4 de junio, el tiempo en el Cuartel General indicaba que un frente frío había pasado. Esta información era complementada con los datos que enviaba un barco apostado próximo a las costas de Islandia, que informaba de un aumento de presión. Si la situación continuaba como estaba prevista, podría formarse una cuña de altas presiones tras el frente frío que dejaría un tiempo estable al menos por un par de horas. Los pronósticos indicaban además que la noche del lunes 5 y a la hora H el tiempo sería suficientemente bueno como para permitir volar a los grandes bombarderos.

    Let’s go!

    Las palabras exactas del Comandante Supremo quizá no fueran estas, pero lo que sí que se sabe es que la decisión de lanzar el ataque se tomó, de forma definitiva, el domingo 4 de junio por la noche, incluso a sabiendas de que el tiempo distaría mucho de ser el ideal. De hecho, el Almirante Ramsey llegó a decir que “está claro que el inicio del viaje para nuestras fuerzas será bastante incómodo”.

    El día D, a la hora H, las olas en el Canal estaban en el límite de lo tolerable y el viento, el tiempo y las nubes permitieron la inyección de tropas y los bombardeos, tanto en Normandía como en las líneas de apoyo enemigas.

    En la operación Overlord el tiempo fue uno de los principales peligros, pero un buen pronóstico consiguió reducir el riesgo hasta un punto que fuese aceptable. Curiosamente las tropas, al desembarcar, tenían el viento a su favor.

    Por: Luis Jiménez Dávila